MOSCÚ.- Los champiñones florecen en las afueras de Moscú, los osos no entran en letargo y la comerciante Larissa Bilik tiene dificultades para vender sus calcetines de lana en Rusia, que este invierno también sufre por el calentamiento climático.
Estos fenómenos pueden no tener nada de espectacular, en comparación con un huracán en Florida o el deshielo de los polos, pero las temperaturas registradas en Rusia desde el 20 de noviembre baten todos los récords estadísticos, explica el director adjunto de los servicios de meteorología rusos, Guennadi Elisseiev.
"La temperatura media para los diez primeros días de diciembre es generalmente de -5 grados Celsius, pero este año el mercurio subió hasta más de 10 grados. Se trata de temperaturas de finales de octubre", subraya este experto.
Larissa Bilik, de 53 años, espera desesperadamente a sus clientes detrás de su puesto de venta de grandes calcetines, zapatillas y abrigos de forro artificial. "Compran cuando hace frío, pero no lo hacen cuando hace calor", sonríe tristemente la vendedora en un invierno sin nieve ni sol.
Los científicos reconocen que Rusia se ha convertido en una nueva víctima del calentamiento climático."Una explicación es que, por encima del Atlántico Norte, se forman ciclones muy potentes que se desplazan hacia el Mar de Barents", recuerda Elisseiev.
"Pero el clima tiende también a ser más suave y no se puede negar una relación con la reducción de la capa de ozono", añade este climatólogo.
A la espera de la caída de las temperaturas anunciada por el servicio meteorológico, decenas de osos blancos siembran el pánico en la región de Chukotka, en el norte del Extremo Oriente ruso, donde se acercan a los pueblos en busca de comida.
"El hielo no es suficientemente sólido" en la costa ártica, lo que impide a los osos pescar y les "obliga a buscar su alimento cerca de los seres humanos", explica un responsable del Instituto de Investigaciones sobre el Océano Pacífico, Anatoli Kochnev.
En Siberia, el hielo se ha fundido sobre el río Enissei, lo que ha provocado un deshielo a lo largo de 250 km.
En el zoológico de Moscú, los pájaros se acoplan como si ya hubiera llegado la primavera, mientras que los osos pardos Muchir y Rosa sufren de insomnio y esperan la nieve para invernar.
"El está triste. Ella se muestra más serena", comenta la portavoz del zoológico, Elena Mendosa. "Es una hembra, soporta mejor su mal humor porque lo quiere", asegura esta especialista en comportamiento animal.