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Traductor que trabajó con Nicanor Parra lo describe en extensa columna: "Era un inveterado manipulador"

El autor de origen guatemalteco, David Unger, recordó sus encuentros y colaboraciones con el poeta chileno, a quien calificó de "macho alfa" con ciertas actitudes arrogantes.

01 de Febrero de 2018 | 07:01 | Por Nathalia Quijada, Emol
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El Mercurio
SANTIAGO.- Un carácter difícil y una actitud arrogante. Así se puede resumir la descripción de la personalidad de Nicanor Parra según el autor guatemalteco David Unger.

El escritor ha dedicado gran parte de su vida a la traducción, y en ese contexto es que llegó a trabajar con el fallecido poeta chileno. Según cuenta en The Paris Review, comenzó a traducir a Parra en 1973 por recomendación de uno de sus profesores en la Universidad de Columbia.

"Compré 'Obra Gruesa', 'Poemas y Antipoemas' y 'Poemas de Emergencia' […] Devoré estos tres libros y luego busqué poemas que no se habían traducido al inglés. Encontré 'Último Brindis', un cínico poema matemático que ejemplificaba la filosofía de la antipoesía de Parra, y lo traduje", cuenta en la columna.

Años después, la editorial New Directions firmó con Parra para traducir uno de sus libros, y seleccionaron a Unger para ser el editor. De acuerdo a sus palabras, el poeta "estaba profundamente descontento". "Esperaba que Allen Ginsberg lo editara, pero él apenas hablaba español y no le interesaba en lo absoluto la tarea", comenta.

"Ojalá pudiera decir que Nicanor y yo trabajamos de la mano. Realmente me encantó su poesía, su estilo anárquico, humorísticamente irreverente, la falta de pomposidad y el florecimiento literario. Pero como editor de inglés, Nicanor me toleraba, en el mejor de los casos, como una tos recurrente. Nunca pude superar su decepción porque no era Allen Ginsberg", manifiesta, a lo que añade que Nicanor estaba viviendo cerca de él en Manhattan con su hija artista –Catalina Parra- y que se encontraba "a una llamada telefónica o a un paso de distancia".

"Al teléfono siempre estaba flojo y reticente; cada vez que lo visitaba en el departamento de Catalina para hablar sobre mis ideas para el libro, estaba con un pijama y su pelo gris volaba como paja por todos los rincones de su cabeza", describe. Para Unger, la vestimenta descuidada tenía el propósito de mostrar su desdén sin ser realmente grosero.

El transcriptor comenta que cuando preparaba su manuscrito de "Antipoems: New and selected", Parra canceló las reuniones y "se negó a responder las consultas que le enviaba por correo". Para él, su paciencia colmó cuando el antipoeta asignó "El Hombre Imaginario" a al menos otro cuatro traductores.

"Le pregunté por qué había hecho eso. Dijo que la traducción debería ser una carrera de caballos y que debería poder elegir al ganador. Tenía mucha confianza en su inglés, que encontré pobre, y la arrogancia de esta respuesta se quedó atascada en mi buche", explica.

Posterior a ello, y durante una junta en una pastelería cercana a la Universidad de Columbia, le manifestó que como editor "no podía tolerar este tipo de actitudes". "La traducción es un arte minucioso, y no podría haber celebrado que traductores, amigos míos, compitieran entre sí como caballos", recalca.

Según describe, la actitud de Parra fue de arrogancia: "De vez en cuando, fruncía los labios y miraba en blanco, ignorando mis ojos y mirando a los estudiantes cercanos. Sin decir una palabra más, de repente se levantó y se fue. Regresó a Chile quizás una semana después. Se negó a responder mis llamadas o cartas. Sospeché que pocas personas lo habían enfrentado antes; su silencio era su manera de subrayar mi falta de importancia y su autoridad. Después de todo, Nicanor era un macho alfa".

Pese a todo, Unger cuenta que continuó trabajando en su manuscrito y presentó una nueva edición de "Poemas y Antipoemas" a su editor Frederick Martin, quien lo envió a Parra para sus revisiones finales. "Parra era un inveterado manipulador. Nunca respondió a Martin, ni a ninguno de sus interlocutores chilenos, incluso cuando le dijeron que el libro iría a imprenta sin sus ediciones finales si no respondía en una fecha determinada", resalta.

Parra y el escritor guatemalteco no se volvieron a comunicar durante seis años, hasta 1991 cuando el poeta fue galardonado con el primer premio Juan Rulfo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. "Dos días después de que le otorgaran el premio, me encontré con Nicanor en los pasillos de la feria. Curiosamente, me abrazó y dijo: '¿Qué hay de tu vida?', murmuré algo incoherente, estoy seguro", expresa.

Después de ese encuentro, nunca más se cruzaron, pese a que Unger comenta que tuvieron muchos amigos en común como Carlos Franz, Arturo Fontaine y la traductora Edith Grossman. "Esto fue desafortunado porque realmente amé muchos de sus poemas y sentí que junto con sus compañeros poetas chilenos Pablo Neruda y Gabriela Mistral, él era un verdadero pionero", comenta en el escrito.
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