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Thirty Seconds to Mars por tercera vez en Chile: ¿Qué es el minimalismo?

La agrupación que encabeza el actor Jared Leto, ofreció anoche una nueva actuación en el Movistar Arena. Globos enormes, confeti, baile y un extravagante look del intérprete, destacaron en esta visita donde repasaron sus éxitos y canciones de su reciente publicación titulada "America".

03 de Octubre de 2018 | 01:49 | Por Alondra Barrios Peñailillo, Emol
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EFE (Archivo)
SANTIAGO.- Minimalismo no es una palabra que pareciera estar incorporada en el diccionario de Jared Leto. No al menos cuando se trata de los espectáculos que brinda junto a su hermano Shannon en el ahora dúo Thirty Seconds to Mars, que la noche de este martes se presentó por tercera vez en Chile inaugurando, de paso, la amplia cartelera de conciertos que trae octubre y lo que resta de año.

Pasadas las 21:00 horas, el ganador del Oscar se plantó en el escenario dispuesto en el medio del Movistar Arena. Con el cabello recogido, lentes oscuros y vestido de una brillante túnica de vibrantes colores -que bien lo hacían parecer un gurú psicodélico-, el artista extendió sus brazos dando la bienvenida a la ceremonia y se dispuso a arrancar la cita musical ante su reducido, pero fiel grupo de seguidores que entre banderas y teléfonos celulares apuntándolos dieron la bienvenida a los músicos originarios de Los Angeles.

Con "Monolith", tema instrumental que abre su reciente placa, America (2018), comenzó el concierto de un inquieto Jared que a ratos se le escuchó con un grado de dificultad para llegar a tonos más altos. Enhorabuena pasó desapercibido entre tanto grito y coro de los espectadores, que lo siguieron en "Up in the air" y "Kings and Queens", desprendidos de los álbumes Love, Lust, Faith and Dreams (2013) y This Is War (2009), respectivamente.

El voltaje fue en ascenso con los primeros riffs de "This Is War", ocasión en que llegaría el primer momento parafernálico de la noche cuando la cancha del recinto fue invadida de enormes y pesados globos de colores que revolotearon por largo rato y obstruyeron la vista.

Paseos repetitivos de izquierda a derecha y de derecha izquierda y la constante fijación de Jared Leto cual supervisor hacia las galerías semi llenas, las luces bajaron su intensidad para dar protagonismo a las linternas de los dispositivos móviles en "City of Angels", inspirado en la ciudad donde se originó conjunto.

El trayecto del show se desviaría luego con potencia cuando tocó el turno de "Rescue me", sencillo que también forma parte de su material más reciente. "¿Quién quiere bailar conmigo?", preguntó el actor que se tomó su tiempo para subir a ocho fanáticos para que lo acompañaran en su performance, quienes aprovecharon de fotografiar y grabar videos de tamaña invitación mientras adelante de ellos el intérprete coreaba "Rescue me from the demons in my mind/Rescue me from the lovers in my life".

El protagonismo fue cedido un par de canciones después a Shannon Leto, baterista de la agrupación. Sin más que el sonido de una guitarra acústica, el músico abandonó las baquetas por unos minutos, se trasladó hasta la pasarela que salía desde el escenario y realizó una impecable interpretación de "Remedy", una balada que culminó en medio de gritos histéricos cuando Jared reapareció sin sus anteojos de sol y llevando un gorro oscuro con la visera hacia atrás para encargarse de "The Kill" , el tema más coreado de la jornada, incluido en el disco A Beautiful Lie (2005), aquel que le brindó al conjunto notoriedad internacional hace más de una década en medio de la fiebre por la música hardcore o también llamada emo.

El final de poco menos de dos horas de concierto estuvo a la misma altura que sus intervenciones con globos gigantes, bailes con fans y el llamativo look de Jared Leto. Los últimos minutos de Thirty Seconds to Mars fueron en compañía de un importante número de seguidores despidiendo a otros admiradores desde arriba tras "Closer to the edge" que concluiría con una gran y larga lluvia de confeti.

Lo de los hermanos Jared y Shannon Leto fue una oda a lo recargado cuyos créditos que hicieron del número todo un espectáculo se lo llevaron los accesorios más que la interpretación de los estadounidenses que abandonaron el lugar en un abrir y cerrar de ojos antes de ser abordados por una horda de fanáticos que copaban el proscenio.

Un show atractivo en lo visual siempre se agradece. También un crooner que guarda complicidad para con su público. Pero un show donde sus músicos logran los dos primeros aspectos, además de una fortalecida calidad musical, aún más, y quizás ya es hora que Thirty Seconds to Mars descubra que no todo puede ser cotillón y vestimentas extravagantes para ganarse a la audiencia.
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