El estreno de los AirPods Max, los audífonos más "premium" de Apple presentados a fines del año pasado, estuvo marcado de meses de rumores y una discusión inmediata sobre su valor, que en Chile se eleva hasta los $600.000. ¿Qué tan buenos pueden ser unos audífonos que pese a su precio, siguen siendo inalámbricos, con las limitaciones en calidad que eso impone? Pese a lo válido del argumento, desde su anuncio los Max han estado constantemente sin stock en varios mercados.
¿Valen la pena los AirPods Max? Pudimos probarlos durante unos días, a semanas de su estreno en el mercado local, y aunque la propuesta es clara, la respuesta a la pregunta no lo es tanto.
Partamos por lo básico. Los AirPods Max extienden la experiencia de los AirPods Pro, que llevaron reproducción inalámbrica con cancelación activa de ruido al mundo "in ear", hacia un formato que va sobre el oido, haciendo que la experiencia sea más dedicada. Los Max son grandes y como tal, no son tan recomendables para el uso en la calle. Esto es para sesiones más dedicadas de música en el hogar, o para el transporte en trenes o aviones -cuando eventualmente podamos hacer esos viajes nuevamente-.
Lo primero que llama la atención de los Max es su construcción, principalmente metálica. Los audífonos en sí están hechos de aluminio, con una apoyo acolchado y una malla suave que se acomoda sobre la oreja. La pieza que conecta ambos auriculares está hecha de acero inoxidable, acompañado de una malla de material plástico que apunta a dar flexibilidad y hacer más cómodos los momentos donde los AirPods Max descansan sobre el cuello.
Si el objetivo es hacer sentir que los nuevos AirPods son un producto premium, se logra, y en parte porque el resto de los equipos en este segmento (donde destacan alternativas de Bose y Sony) están hechos casi totalmente de plástico. Ahora, esto tiene una razón práctica: el plástico es más liviano y usar este material puede facilitar el uso extendido del dispositivo. Los AirPods Max son cómodos pero tienen más peso, uno siente que los tiene en la cabeza.

Otro punto clave es la cancelación de ruido y ahí los AirPods Max brillan. Al ponerlos, se siente como el software y los nueve micrófonos que están en el equipo se combinan para aislar el sonido exterior, aunque sin producir esa sensación de vacío o de aumento de presión que pueden generar otros equipos similares. Otra función llamativa es el modo de "transparencia" que tienen, donde al ponerlo en marcha mediante uno de los dos botones físicos en los Max, se activan los micrófonos para dejar entrar sonido. Pero lo hacen tan bien, de una forma tan natural, que por momentos es como si no se tuviera nada sobre las orejas. Es realmente sorprendente.
El otro botón de los AirPods Max es una versión más grande de la "corona digital" del Apple Watch, que actúa como control de volumen al girarla y como play/pausa al presionarla.
La configuración es tan sencilla como en otros AirPods: basta con sacarlos de su estuche (más sobre el estuche más adelante) y ponerlos cerca de un equipo iOS. El dispositivo reconoce el teléfono o tablet rápidamente, se asocia automáticamente al Apple ID y queda disponible para ser usado en cualquier equipo conectado a esa cuenta, sea teléfono, tablet o computador Mac.
Cómo suenan
Sin ser expertos en audio, podemos decir que los AirPods Max suenan bien, muy bien. El sonido es balanceado, sin dar una predominancia excesiva a los bajos como ocurre con otros audífonos similares, cubriendo bien todas las frecuencias y con una muy buena reproducción de tonos.
Pero también es cierto que un audífono inalámbrico, que reproduce música vía Bluetooth, tiene limitaciones que son propias de este formato. Por ejemplo, si se busca la mayor fidelidad y calidad de sonido, la mejor opción sigue siendo una infraestructura HiFi que requiere amplificadores, cables y unos audífonos posiblemente más caros. Los AirPods Max no son para esa audiencia.
El reciente cambio aplicado por Apple en el servicio Apple Music sí abre caminos para sacarle más provecho a los Max. Hace un par de semanas Apple implementó el "sonido espacial" y la capacidad de reproducir canciones en formato Lossless de alta definición. Para reproducción Lossless se necesita de un cable físico (y en el caso de los Max, aunque se use el cable -que se tiñe que comprar aparte- la reproducción no es "Lossless" por los procesos de conversión de la señal de audio), pero el audio espacial tiene el potencial de ser un cambio mayor y donde los Max están muy bien equipados.
"Sonido espacial" es, en efecto, la reproducción de mezclas hechas con el sistema Dolby Atmos, donde en vez de recibir el sonido de dos canales ubicados en el espacio (un canal derecho y uno izquierdo, es decir, estéreo) se ubican distintas fuentes de sonido en el espacio virtual, reproduciendo un sonido "envolvente" y que deja al usuario al medio.
Puede sonar extraño, pero en mezclas hechas para este formato (y que ahora Apple Music está ofreciendo sin costo extra y que no están en otros servicios como Spotify), el cambio es notorio. Escuchar la remasterización de "Abbey Road" de los Beatles en este formato revela nuevos detalles en las grabaciones que tienen valor. No todas las adaptaciones aportan lo mismo: hay algunas (particularmente mezclas de algunos artistas antiguos) donde el cambio parece ser "dar aire" a la grabación lo que hace que, por ejemplo, algunos solos de guitarra se escuchen "lejos". Pero si Atmos se vuelve algo común y se adopta para la producción de nueva música, puede ser un cambio muy interesante.

Ahora, ¿justifica esto comprar los AirPods Max? No, pero es un extra y uno atractivo y que amplifica la experiencia. Lo que puede "justificarlos" es su construcción metálica, la conexión con el ecosistema y la muy buena cancelación de ruido y reproducción de música. El diseño tiene un par de "peros", principalmente en que no se doblan mucho para almacenarlos haciendo que ocupen harto espacio en una mochila, por ejemplo, y el estuche, que parece una cartera, no protege mucho y es aparentemente necesario porque su uso es lo que activa el modo de ahorro de batería, apuntando a llegar a las 20 horas de autonomía ofrecidas (y que es un número realista, en nuestras pruebas).
Lo anterior no quita lo bueno de la experiencia y lo bien logrado de estos productos. Por su precio, lógicamente no son para todo el púdico, pero es de esperar que eventualmente estas tecnologías lleguen a segmentos de precios mas bajos.