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Yo nací pa' cantar cueca

El nuevo disco del cantor Luis Hernán Araneda es un testimonio personal de su experiencia en la cueca y la tonada. Más argumentos para engrandecer la herencia del Baucha.

14 de Septiembre de 2014 | 23:40 |
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Vital, urgente e vertiginoso como es la cueca, este disco fue grabado en enero de 2014 en una casa de calle Condell en la capital, cinco meses más tarde era lanzado en junio por los mismos músicos en vivo, y así de inmediato es también el encuentro con la historia que viene dentro. Luis Hernán Araneda Orellana, el Baucha, es uno de los cuatro hombres que grabaron los primeros discos del fundamental conjunto de cuecas Los Chileneros en 1967 y 1968, y desde mucho antes en la infancia data la dedicación en cuerpo y alma al canto que hoy le vale una estatura natural de maestro.

Natural pero nunca explícita. Si el Baucha da clases de canto no es en teoría sino en práctica pura. A la edad de 85 años que tiene en este registro, el cantor muestra lo bien conservada que está su voz y logra el mejor equilibrio entre la distinción para abordar las melodías y el ímpetu para cantar con gran volumen y en altas tonalidades. Y fiel al título, que es cita a una frase acuñada por el mismo dueño de casa, el disco tiene algunas tonadas pero incluye sobre todo una mayoría de cuecas, disciplina que Araneda comparte del mejor modo con el grupo de cantores y músicos jóvenes que lo acompaña aquí, encabezado por René Torito Alfaro y Rodrigo Miranda en las voces.

Dan forma al repertorio varias composiciones del propio Luis Hernán Araneda, dos del prolífico Efraín Navarro, dos de Los Hermanos Campos y una de la tradición, la preciosidad de "Yo soy un pobre atorrante", en la que descolla la voz siempre intensa y llamativa de Torito Alfaro. Y es un gran gesto que el disco se inicie con "Renació el copihue rojo", una cueca grabada décadas antes por Violeta Parra, que el Baucha recrea aquí con otra entonación y otros acordes. Tal como pasa cuando la melodía de "Tu pecho es mi calabozo" es la misma de "La camisa de la Lolo" y "La flor de la verbena" y calza perfecto con las armonías de "Le tengo dicho a mi negra". Son todas pruebas de la dinámica más atractiva de esta expresión: una misma cueca puede ser cantada con distintas entonaciones y la misma entonación se encuentra en diversas cuecas, como salvoconducto permanente para redescubrir cada vez, vestida con versos distintos, la belleza profunda de estas melodías.

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