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Un abrazo entre el rock y el samba

En su regreso a Chile este miércoles 5 de noviembre el músico brasileño volvió a dejar claro que es un artista inquieto e inquietante por definición.

06 de Noviembre de 2014 | 08:37 |
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Caetano Veloso trajo en vivo el sonido de su reciente disco ''Abraçaço'' (2013) al Teatro Caupolicán.

Foto: Mauricio Pérez

Caetano Veloso parte su más reciente disco lanzado directo a cuestionar el cliché internacional sobre la supuesta buena onda de la bossa nova. Y así mismo empieza también el concierto con que la noche de este miércoles trajo a Chile en directo no sólo las canciones de ese disco, Abraçaço, sino una nueva muestra en vivo de por qué el músico brasileño es un artista inquieto e inquietante por definición. "A bossa nova é foda", se llama esa canción, un mensaje que puede ser traducido como "La bossa nova es jodida", o "fregada", o dura, o difícil, o cualquier adjetivo que funcione como opuesto a la idea de canción complaciente que existe sobre ese género principal de la música popular brasileña.


Tiene sentido un manifiesto así como apertura de un disco y de un concierto que de algún modo es también una declaración sobre géneros musicales. Y sobre el rock en particular. Abraçaço (2013) es el título final de la trilogía que forman (2006) y Zii e zie (2009) y en las que Caetano Veloso, un autor que suma ya seis décadas inscrito en la historia mayor de la música de su país desde los años del Tropicalismo en los '60 hasta la fecha, se ha estrechado en un abrazo con la sonoridad eléctrica del rock. El concierto es un reflejo nítido de esa opción sonora. Veloso llegó al capitalino Teatro Caupolicán con la escolta del trío presente en esa trilogía disquera, un núcleo elemental de guitarra, bajo y batería con el bajista a cargo ocasional de los teclados.


Y el resultado en un sonido muy concreto, disparado hacia los cielos en cuanto a los ritmos, las armonías y las melodías, pero básico en los timbres, y con especial protagonismo de la guitarra de Pedro Sâ, marcada por un sonido muy agudo, punzante en varios pasajes de electricidad afilada en el show. Es lo que ocurre con la propia canción "Abraçaço" en la primera parte del concierto, o en diversos solos posteriores en los que Sâ va a ser capaz de multiplicar su instrumento por el uso adicional de efectos como un octavador o una pedalera de loops que le permite grabar y superponer en tiempo real las frases de esa guitarra. La cumbre de ese recurso es la estimulante escuela de samba completa que el guitarrista arma en "Escapulário" con el solo ritmo de las frases de guitarra sumadas unas sobre otras.


Pero es la voz de Caetano Veloso el timbre más distintivo del concierto. Está el carácter melódico y pausado que lo caracteriza, una tersura que es el principal rasgo vocal de toda la jornada. Están también los falsetes que saca a relucir desde la primera canción, y a los que acude en especial en la declaración de melancolía que es "Estou triste". Es también una voz al servicio del samba, un ADN que el cantante saca a relucir sobre todo desde la citada "Escapulário" en adelante, y que comparte con el rock la identidad de la mayoría de estas canciones, hasta que ambos géneros se funden en un abrazo común en "Você não entende nada". Es la antesala para el cierre del show, que terminará con un bis programado y otro fuera de programa, y con canciones reconocidas como "A luz de Tieta", la ternura garantizada de "Leãozinho" y la viñeta final de "Desde que o samba é samba", en compañía del coro sin estridencia y extra emocionante entonado en mayoría por las mujeres del público.


Caetano Veloso inicia este concierto con una guitarra electroacústica en compañía del trío. Ya en la segunda canción trae al repertorio selecciones de sus discos previos con el sonido más acústico de "Baby" para empezar. Luego en "Parabéns" y "Homem" asume como solista sin guitarra, en un gesto que pronto lleva más allá cuando desabotona su camisa y, entre los gritos y silbidos del público, canta a torso descubierto la letra incitante de "De noite da cama". Es uno de los muchos ánimos que pone en juego durante la noche, en contraste con el dolor que trasunta "Estou triste", incluidos los versos "El lugar más frío de Rio / es mi cuarto". O en contraste con la carga política de "Imperio da lei", dedicada a la activista Dorothy Sang, asesinada en Brasil en 2005, y de "Um comunista", que es el momento más intenso de la noche. Inspirada en el guerrillero Carlos Marighella, víctima a su vez de la dictadura militar brasileña en 1969, la composición más larga del disco y del show se entiende perfecto en cualquier país del vecindario que haya pasado por dictaduras asesinas como Brasil o Chile, según viene a recordar aquí el cantante. Y es además una muestra de canción contingente y comprometida como ya no quedan. Caetano Veloso es foda.

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