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Maldita noche de bodas

Se dice que el 2% de las parejas sufren por no poder consumar su matrimonio, aunque las causas pueden ser muchas, todas son solucionables.

23 de Febrero de 2009 | 10:23 |
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En un mundo en que la mayoría de los mensajes que recibimos son de sexo, existe una realidad a la que vale la pena prestarle atención. Se les suele llamar matrimonios no consumados, pero da lo mismo la libreta de familia; se trata de parejas que, después de mucho intentarlo, no han podido vivir una vida sexual plena.

Es recurrente en las conversaciones, pero siempre que le pase al vecino. Le tenemos miedo a estos temas, pero es bueno saber por qué suceden y, lo más importante, que se puede salir triunfante.

La principal causa de este fenómeno, como señala el gineco-obstetra y experto en sexualidad, Pedro Escudero, es “un vaginismo extremo, que es un dolor insoportable e insuperable que siente la mujer al momento de la penetración” y que se produce por “un terror a la sexualidad, manifestado como una contractura intensa e involuntaria de la musculatura perineal, la cual maneja a la vagina, y cuyas raíces están casi siempre en abusos sexuales en la infancia, sean éstos concientes u olvidados”.

Este miedo a enfrentar la sexualidad por una situación traumática se une, en la mayoría de los casos, a creencias religiosas muy rígidas, mezcla que, como señala Escudero, enquista el tema. Esto determina que no se trate ni se hable con nadie, “que quien lo padece se refugie en la formación, generalmente religiosa, que ha recibido y empiece a esconderse en una serie de argumentaciones que pueden ser válidas, pero hacen que el tema no se toque y, cuando llega el momento, el terror incrustado hace que el dolor sea insuperable”.

Encapsular un miedo es “que bloqueen el tema y cuando quieren consultar a un experto, lo hagan, incluso a veces, por un síntoma totalmente marginal”. El médico recuerda un caso de estos, en que “una pareja vino a consultar por infertilidad, pero, al iniciar los estudios, nos dimos cuenta de que nunca habían tenido relaciones”.

Escudero afirma que, con frecuencia, se ve que los matrimonios que tienen este problema están compuestos por personas con características culturales y de formación muy similares; “ambos son muy devotos de la castidad, de las prácticas religiosas y postergan todo para el día del matrimonio. (Pero) ese día no están, ni por asomo, preparados y no tienen experiencia alguna. El círculo vicioso está armado”, explica el ginecólogo.

Esta disfunción debe ser enfrentada apenas se detecta, ya que el no poder concretar una relación sexual puede acarrear problemas adicionales para la pareja, tal como señala el sexólogo y ginecólogo Roberto Rodríguez: “Pueden generarse cambios cualitativos en su grado de confianza e intimidad, lo que pone en juego el compromiso del vínculo. También es cierto que los procesos afectivos que comienzan a deteriorarse pueden llevar como consecuencia la aparición de una disfunción”.

El tratamiento

Según Pedro Escudero, no existe sólo una forma de abordar la disfunción, porque “no son casos frecuentes y, por lo tanto, no son estandarizables”, sino que dentro de su excepcionalidad, cada profesional puede tener su método para abordar este problema.

Sin embargo, lo que él recomienda es un tratamiento en el que la disfunción se ataque por varios flancos. Se trata de cambiar hábitos y creencias, por lo que, como comanta, estas terapias “implican una cierta reeducación sexual y, por otra parte, tareas progresivas para ir aprendiendo a conocer su cuerpo y su vagina”.

Escudero asegura, además, que se debe considerar que a las parejas de la sociedad de hoy, especialmente las criadas bajo fuertes patrones religiosos, “les han insistido tanto que el sexo es malo y que es pecado... Es obvio que llega un momento en que la paciente no conoce su cuerpo. Esto tiene como consecuencia obvia, que tendrá un pobre manejo de su sexualidad, en particular de la musculatura de su área perineal”.

En cuanto a la efectividad de las terapias Rodríguez dice que el éxito llega en un porcentaje bastante alto y que triunfar “depende, en forma muy importante, del estricto cumplimiento de las indicaciones por parte del paciente. Además está la participación de la pareja como co-terapeuta, que es fundamental, ya que de esta forma se pueden verificar los avances y resultados”.

Coincidiendo con Rodríguez es que Escudero dice que el pronóstico es bastante bueno, ya que “si la pareja consulta es porque está dispuesta a dar el primer paso. De ahí hay todo un trabajo por delante de equilibrar y respetar sus creencias y eliminar los bloqueos patológicos. Se trata de un manejo muy sutil y delicado”, es por esto que es muy importante asesorarse por un buen profesional. Lo esencial es saber que no hay que desesperarse, siempre se va a encontrar una solución.
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