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Gabriela Mistral una insufrible demócrata

Lunes, 26 de Junio de 1995

Hace cincuenta años la artista recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera figura latinoamericana en obtenerlo.

En conversación con Pedro Lastra, a fines de los setenta, decía el poeta chileno Enrique Lihn que Gabriela Mistral se estaba convirtiendo en una desconocida ilustre. Un poco antes, en 1967, el crítico Luis Oyarzun (chileno también) opinaba que la poesía de Gabriela Mistral tenía que ser redescubierta. Aludían ambos a un hecho no por insólito menos recurrente en la historia literaria: la extendida fama, la beata admiración, la incondicional reverencia suelen ser enemigas del conocimiento directo, de la lectura morosa y amorosa, del constante trato con una poesía.

Nada de esto (felizmente) podría sostenerse hoy en que la poesía y la prosa de Gabriela Mistral vuelven a ser leídas y estudiadas con fervor y cuando su figura singular, revisitada, es conocida ahora desde nuevas y enriquecedoras perspectivas. Cabría hablar entonces de un renacimiento de la gran escritora chilena cuyo inicio puede datarse, pienso, en el centenario de su nacimiento conmemorado en 1989. A partir de entonces muchos poetas y críticos, tanto chilenos como de otras nacionalidades, han escrito iluminadores estudios y/o han cuidado de excelentes ediciones de los textos mistralianos (Jaime Quezada, Miguel Arteche, deben citarse entre quienes más han contribuido a este renovado interés por la maestra del valle del Elqui, como suele denominarse a la Mistral aludiendo a su vocación primera y a la región en que nació).

En efecto, Lucila Godoy Alcayaga (tal el nombre verdadero de la artista) había nacido en Vicuña el 6 de abril de 1889. Maestra desde siempre en el aula y con su vida y obra, se ve envuelta muy joven en una vorágine emocional desatada por el suicidio de la persona que amaba. En este clima de crisis profunda nacen sus celebrados ``Sonetos de la muerte'', conjunto de textos con los que poco después, en 1914, obtendría su primer premio literario y comenzaría a ser conocida. Sin embargo, ``Desolación'', el primer libro, que incluye aquellos poemas, aparecerá sólo en 1922 pero significará casi de inmediato reconocimiento, fama y popularidad que los años siguientes no harán sino acrecentar. De 1924 es ``Ternura'', canciones para niños de extendida difusión en el ámbito escolar latinoamericano, y de 1938, otro gran libro, ``Tala''. Luego, en 1954, aparecerá ``Lagar'', el último libro de poesía que Gabriela que murió en 1957 publicara en vida. De 1967 es el volumen póstumo ``Poema de Chile''. Su prosa, no muy conocida antes, es también muy importante y cada vez más apreciada por la coherencia y el vigor de su mensaje, inspirado en una profunda y sincera preocupación social.

El título del primer libro, ``Desolación'', refleja exactamente el estado de grave congoja en que estaba sumida Gabriela por la muerte del amado. Pero la fortaleza de su espíritu y, sobre todo, una poco común capacidad de amar iban a ir transfigurando la absorbente desesperación en un amplio ademán amoroso que comenzando por los niños, sus preferidos, iba a abrazar pronto a muchos pueblos, a la América, a la humanidad entera. Si este amor ecuménico que recuerda al de Vallejo constituye una de las columnas basales del cosmos poético de la artista, otra, de similar rango, está dada por su cercanía a la naturaleza americana, cuya presencia siembra de color y sentimiento de la tierra sus textos. Los Andes, su geografía natal, son lo primero, naturalmente, pero también están allí muchos otros parajes americanos (Gabriela era incansable viajera) y de igual modo las huellas diseminadas de la historia del continente. Finalmente una tercera constante completa el núcleo temático de esta poesía: es la honda religiosidad, ese cristianismo raigal de que ha hablado Luis Alberto Sánchez.

El lenguaje de Mistral, de otro lado, ha sido siempre motivo de interés y a veces de desconcierto o discusión, aunque nadie pueda negar ni su belleza ni su eficacia expresiva. El rasgo principal es un deliberado arcaismo aprendido en el campo natal, según afirmaba ella. En una nota de ``Tala'' precisará: ``No sólo en la escritura sino también en mi habla, dejo por complacencia mucha expresión arcaica sin poner más condición al arcaismo que la de que esté vivo y sea llano... ''. Esta praxis poética llevaba directamente a un americanismo del que tenía plena y orgullosa conciencia.

``En la literatura en lengua española, represento la reacción contra la forma purista del idioma metropolitano español...'' , dirá en otra parte.

En 1995 se cumplen cincuenta años de que Gabriela Mistral recibiera el Premio Nobel de Literatura convirtiéndose así en la primera figura latinoamericana en obtenerlo. Esta fecha, que se está conmemorando de diversos modos en toda Hispanoamérica, constituye propicia circunstancia para extender y profundizar aún más el ya general reconocimiento de su obra. Pero el acento tiene que ponerse ahora en la coherencia total poesía y prosa del universo creado por la escritora chilena. Debe comprenderse que la autora de los sonetos de la muerte es la misma mujer que en otra ocasión se definió como ``una insufrible demócrata''. Y así, con sus poemas de amor y pena, de ternura y esperanza y con sus prosas cargadas de emoción social y de preocupación por la humanidad todo una sola obra Gabriela continuará transitando como figura mayor por los caminos de la literatura en lengua española.

Por Jorge Cornejo Polar.

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